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David Lynch, ¿qué ha sido de ti todos estos años?



Por Jaír Fernando Coll Rubiano.

David, ya son diez años desde que estrenaste Inland empire el 6 de diciembre del 2006. Poco sé de ti desde esa fecha. Naturalmente, uno se entera de noticias: que has creado la marca Signature Cup Coffee dada tu costumbre de tomar diez tazas de café diarias (antes veinte); que has sido el protagonista de un documental sobre ti llamado David Lynch: the art life, que refiere tu faceta de pintor; que has rodado la tercera temporada de tu legendaria y noventera serie Twin peaks, la cual se estrenará el próximo año. Y uno podría seguir divagando en más y más hechos, pero sin encontrar alguna pista que te sugiera el rodaje de una nueva película, de esas tuyas, David, de esas surrealistas que te hacían sangrar por las orejas hasta no entenderla tan solo poco.  

Empecemos desde el principio. Después de ver tu última película, Inland empire, quizá lo mejor era entregarse a la meditación trascendental a la espera de calmar nuestro confundido cerebro ─­como tú, que haces con esa técnica dos veces al día, cada una de 20 minutos, desde hace más de 30 años─, aunque quien sabe si pretendiendo relajarte luego de ver una compleja película de Buñuel o Godard, lo cual suena ridículo considerando el cineasta que eres y que alguna vez dijo despreocupadamente que no sabía nada del mundo y que por eso hacía películas. No sé si leas las críticas que escriben sobre ti, David, pero créeme que con más recurrencia te han llamado desde genio hasta pedante rebuscado tras estrenar tu última obra, una historia sobre una actriz que interpreta el papel principal de un remake que supuestamente está maldito. Disculpa esa sinopsis tan escueta, David, pero lo que diga de más, y sé que hay mucho que decir de más, es sesgarme a una interpretación fija, si es que no estoy cometiendo aquella falta. Por otro lado, aclárese que las etiquetas de pedante rebuscado o pedante o rebuscado a secas ya te las habían atribuido con tu anterior producción, Mulholland drive (2001), un filme sobre una mujer con amnesia a raíz de un accidente automovilístico, una joven aspirante a actriz, un director de cine a quien unos productores misteriosos y todopoderosos obligan a poner cierta mujer en el papel principal de su película, un sicario en busca de una fémina de cabello oscuro: todo eso en medio de imágenes de ensueño. Lo gracioso es que cuando buscas Mulholland drive en Google te topas con frases como “la crítica sigue fracasando en la búsqueda de una interpretación correcta para la película”, aunque los frikis más anónimos han llegado a un consenso muy, muy convincente del significado de ésta. Admito leí a esos frikis, David. Solo tenía 13 años: estaba muy pequeño para entender una obra como Mulholland drive. ¿Qué más podía hacer, eh?

De todos modos, sobre ti, si es que no sabes o no te interesa, escriben de vez en vez, bien sea en prestigiosos medios o en blogs casi desconocidos, como para ventilar tu nombre o apellido, y a veces regresan a tus clásicos: señalan su válido lloriqueo luego de conocer la triste historia del deforme Joseph Merrick en The elephant man (1980); aún se siguen devanando los sesos con Lost highway (1997), que consiste en una pareja a la que empieza a llegarle cintas de video de la fachada y el interior de su casa, inclusive, mientras duermen; y hasta recuerdan el genial thriller de Blue velvet (1986), en el que el papel del violento Frank interpretado por Dennis Hopper es uno de los mejores del siglo XX.

Pero más allá de artículos nostálgicos sobre la “ausencia” de tu faceta de cineasta, te pregunto: David, ¿cuándo dirigirás una nueva película? A veces recuerdo tu respuesta en el Festival Rizona de España en 2013: “Las ideas fluyen. He escrito un guion y tengo otros proyectos de los que no puedo hablar, pero la industria de cine ha cambiado. Ellos solo hacen números y mis películas no pueden garantizar los beneficios”. Al parecer esas productoras todopoderosas que evocas en Mulholland Drive no son tan inconscientes, David. De hecho, tu ausencia es excusable; los grandes artistas deben tomarse tu tiempo para evitar fracasos como Dune (1984), que calificas de ser “tu peor hijo”. Sin embargo, la vida es llevadera con el estreno de la tercera temporada de Twin peaks el próximo año, serie de los noventa que refería las investigaciones del agente Cooper a propósito del asesinato de una mujer llamada Laura Palmer, trama que no es más que una excusa para soslayar los misterios y demencias de los habitantes del pueblo de Twin peaks. Y regresa con una exactitud de fechas tan macabra como así se profetizó en el último capítulo de la segunda temporada cuando Laura Palmer le dijo a Cooper en uno de sus sueños: “Nos vemos en 25 años”. Aunque la muerta bien pudo referirse a que regresan a manera de figuras Lego, que en realidad no produce la empresa danesa sino una tal CitizenBrick, pero quién sabe con lucidez en lo que a tus obras respecta, David, que siempre indicas que están abiertas a mil y una interpretaciones.

Pero, insisto, ¿qué ha sido de ti desde el 6 de diciembre del 2006? ¿Has vuelto a simpatizar con Angelo Badalamenti, que conoces desde que compuso el soundtrack de Blue velvet y que te sentabas a su lado, frente al piano, para pedirle que te llevara “a esa preciosa oscuridad con esa suave brisa”? ¿Te has vuelto más multidisciplinar, porque no te ha bastado con ser diseñador de moda, músico, escritor, pintor, productor de café, vendedor de periódicos, conserje, empleado en una tienda de fotocopiadoras y hasta publicista de automóviles o tests de embarazo? ¿Aún sigues con la misma compostura cuando escuchas tu música favorita: la cabeza gacha y la mano sobre los ojos fruncidos? ¿Te sigue gustando Rammstein? ¿Piensas escribir otro libro sobre meditación al servicio de la creatividad aparte del que ya tienes y que se titula Atrapa al pez dorado?

Te pregunto aquello que poco tiene que ver con tu obra cinematográfica, pues de ésta nada sé desde que estrenaste Inland empire hace una década. 
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Por: Revista Escaleta

Somos un grupo estudiantil de la Organización de Grupos Estudiantiles de la Universidad Autónoma de Occidente con la misión de fomentar la cultura cinematográfica por medio de una revista digital llamada "Escaleta".

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