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“Los animadores 2D son, en el buen sentido, enfermos mentales”: Miguel Yusty

Por Jaír Fernando Coll Rubiano

Eran los años 90. Miguel Ernesto Yusty tenía alrededor de 20 años cuando se dio a la animación. No es que no le gustara la imagen real, al contrario. Por ese tiempo, la escasez económica enflaquecía sobremanera la inversión en cultura; solo se producía una película y media al año. La única opción cinematográfica era la animación.

Se pedía prestado un salón durante seis meses, en este caso de la Universidad Nacional, donde Miguel Ernesto cursaba la carrera de Cine, y lo demás, es decir, la cámara, los utensilios y el revelado, corrían por cuenta propia. El revelado, lo más difícil, dado su inmenso costo en Colombia, tenía la oportunidad de hacerse en Venezuela o en Miami, por lo que se acudía la ayuda a un amigo, un publicista o alguien que tuviese dinero y voluntad de dar una mano. Mientras aparecían estas dificultades cada semestre, Miguel Ernesto se dedicaba a animar cuadro a cuadro con dibujos suyos, hechos en miniatura.

─Los animadores 2D ─considera hoy en día─ son, en el buen sentido, enfermos mentales: trabajar con piezas casi en miniatura, acomodar el dibujo para pasar el siguiente cuadro, cambiar unos detalles en la pieza.

La ‘enfermedad mental’ continuó hasta 1996, cuando descubrió el cine digital, invención que, de acuerdo a algunas opiniones beligerantes de la época, sugería los sinónimos de: vil, indigno o bajo. En otras palabras: nada comparable con el cine tradicional, el análogo. Análogo, palabra que, por otra parte, refiere las primeras películas que vio Miguel Ernesto en los cineclubs de Cali; su ciudad natal; las historias de Ridley Scott, Scorsese y Bertolucci; las largas filas; la poca censura de edad en los años 80; y la cantidad de películas que se veía semanalmente luego del conocer el VHS, seis. Si uno pregunta a Miguel Ernesto desde qué edad sintió debilidad por el cine, el responde: siempre. Y si uno insiste, en otras palabras, el responde de nuevo: siempre. Pues bien, de nuevo en 1996, Miguel Ernesto, quien ya lo conocían por hacer trabajos “raros”, lo contrata el Ministerio de Cultura para dirigir unos animadores que se habían ganado una beca de diseño para producir dos comerciales que promocionaran becas de ese año, videos animados que de entrada se sostenían con ayuda del ordenador, escaneando los dibujos para pasarlos a un software en 3D.

Más tarde, a la edad de 25 o 26 años, Miguel Ernesto viaja a las Islas Baleares, en España, para cursar un Máster en Animación y Síntesis de imagen por ordenador, la maestría con más premios de Europa en el momento. Según Miguel Ernesto, la Universidad de las Islas Baleares tenía horarios de monasterio: con un estudio hábil las 24 horas y las cuatro u ocho horas de clases al día; naturalmente, Miguel Ernesto tomó turno nocturno para, cuando terminase las clases, aprovechar el estudio y no tener límite de trabajo. Dentro de sus cortometrajes animados, uno está citado dentro de la historia del cine de animación española: ‘Coakcosis’, un homenaje muy breve y en 2D a la escena de la bañera de ‘Psicosis’, que está personificado por patos en una tina. Así mismo, dentro de la filmoteca de la Universidad Autónoma Valenciana, ‘Coakcosis’ está reservado en un espacio a propósito de la inflencia de Aldred Hitchcock en los realizadores hodiernos.  Pasan 15 años antes de regresar a Colombia y “renunciar a todo”: sus anteriores trabajos en la industria del cine y la televisión; el día que decidió reservarse sus trabajos de modo independiente para después realizar dos cortometrajes de 35 mm.; el tiempo que encontró unas personas que fundaron una carrera de dirección de cine digital, que aprovechó un método de Miguel Ernesto que consistía en adherir la tradición con las nuevas tecnologías en la dirección y producción; los galardones que recibió la recién fundada carrera (la más premiada en castellano); la vez que Pedro Almodóvar preguntó por un trabajo de Miguel Ernesto sin que él estuviese presente; mujer ibérica; y perro de sesenta kilos.

Miguel Ernesto regresó a Cali queriendo enseñar lo que aprendió en Europa.

─Yo me vine por ilusión. Te enfrentas con una realidad distinta. Toma tiempo encontrar un grupo de trabajo con el cual construir. Descubrí mucha normatividad que hacía las cosas más engorrosas y un pensamiento educativo que le daba más importancia al título que a la obra. Yo creo que la obra es lo más importante o mejor, lo más importante.

Desde aquel regreso, Miguel Ernesto trabajó durante tres años en Telepacífico, siendo encargado de programación y producción del canal, empezó a enseñar clases sobre cine en la facultad de Artes Visuales de la Universidad Javeriana, se integró a la productora Extralíminal y hoy en día trabaja, junto con el cineasta Andrés Úzuga Naranjo, en dos guiones para largometrajes, ‘La máquina del mal’ y ‘El día del adiós’. Por estos días, Miguel Ernesto está trabajando dentro del Festival de CineToro, que al momento de conocerlo en 2014, empatizó ágilmente con los organizadores. Miguel Ernesto es el director artístico del Festival. 
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Por: Revista Escaleta

Somos un grupo estudiantil de la Organización de Grupos Estudiantiles de la Universidad Autónoma de Occidente con la misión de fomentar la cultura cinematográfica por medio de una revista digital llamada "Escaleta".

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