Miramos el cine desde todos los ángulos

Perspectiva: Mi primera vez


Por: Ana María Ramírez Gómez.
Para muchos, su primera vez llega en una edad adulta o por lo menos con más años de experiencia, la mía llegó a los seis años.
Lo que más me sorprendió al entrar a ese cuarto oscuro, fue la majestuosidad de aquel aparato, me triplicaba en tamaño. Me acuerdo de todo, en especial del calor que hacía esa tarde en Cali, también la emoción que invadía mi cuerpo y la curiosidad que hizo que realizará algunas preguntas antes de empezar la función, una de ellas fue ¿Cómo entra eso tan grande por esta puerta?
Era un sábado del año 2001, mi madre me avisó que saldríamos a ver una de las películas infantiles más populares de la época, La era de hielo, sí señores les hablo de mi primera vez en asistir a una sala de cine, o por lo menos es la que más recuerdo, ya que mi osada madre me llevó a los tres años a ver Jurassic Park y ella dice que fue una de sus peores decisiones, debido a que en la mitad de la película mi llanto era tanto que no pudimos terminar de verla; pero para mí cuenta la que tengo grabada en mi memoria. Me deje llevar por los sonidos, las luces y la majestuosidad de una pantalla.
Me compraron tantas golosinas y crispetas que mis manos no daban abasto, lo que más me emocionó fue hacer la fila para comprar las boletas.
Entramos como toda primera vez, con un poco de nervios y en especial cuando apagaron las luces y dieron inicio a la larga lista de largometrajes que estaban en cartelera para ese entonces.
Desde aquel momento mi visión de la vida cambio, nació ese amor y obsesión delirante por el séptima arte, creado en 1895 por los hermanos Lumière y que en pleno siglo XXI sigue ganando adeptos que se hacen llamar cinéfilos.
De esos cinéfilos que se pasan horas deleitándose con largometrajes, esas personas con una curiosidad infinita por el cine y en especial por entender el mundo a través de él, de ese grupo del que a veces hago parte, cuando la ficción es un escape o una manera de entender mejor la realidad y los hechos cotidianos que a veces nos ahogan.
Como dice Ingmar Bergman director y guionista Sueco, “ningún arte traspasa nuestra conciencia de la misma forma que lo hace el cine, tocando directamente nuestras emociones, profundizando en las oscuras habitáculos de nuestras almas”. De pronto sea por esto que los colombianos no vemos cine colombiano, porque nos pone frente a nuestra realidad, la cual muchas veces obviamos.
Pero los que sí apreciamos el cine, sentimos como esos fotogramas en movimiento hacen que nuestro ser se mueva con ellos, hace que nuestro estado de ánimo cambie dependiendo de la situación en la que nos encontremos.  
El cine es como las piezas literarias, nos hace viajar por mundos inexplorables y tener experiencias que nunca tendremos en esta vida, nos hace soñar, soñar con lo que queremos o con lo prohibido, en el cine como en la literatura todo puede pasar, todo puede convertirse en realidad y hacer que sus lectores o espectadores disfruten de la manera más plena posible.
Al cine le debo muchos de mis amigos, de mis experiencias, aventuras y por qué no decirlo, locuras, pero en especial le debo mucho a mi madre, ella quién fue la que me introdujo en este mundo, la que llevó a aquella infante a ese cuarto oscuro y la que nunca me respondió ¿cómo entra eso tan grande por esta puerta?
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Por: Revista Escaleta

Somos un grupo estudiantil de la Organización de Grupos Estudiantiles de la Universidad Autónoma de Occidente con la misión de fomentar la cultura cinematográfica por medio de una revista digital llamada "Escaleta".